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Bretaña es una tierra de leyendas, con un carácter fiero y un profundo vínculo con el mar. Esta península en el extremo oeste de Francia posee una identidad cultural única, con su propia lengua (el bretón) y tradiciones celtas. Su paisaje es un contraste constante entre la costa escarpada y salvaje (Armor, la 'tierra del mar') y el interior verde y místico (Argoat, la 'tierra de los bosques'), salpicado de pueblos medievales de piedra y bosques legendarios como el de Brocéliande, hogar del Rey Arturo y el mago Merlín. Es un destino para amantes de la naturaleza, la historia y la buena comida, donde cada faro, cada acantilado y cada puerto de pescadores cuenta una historia.
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Bretaña celebra su cultura con orgullo en numerosos festivales que llenan la región de música y tradición.
Principios de agosto.
El mayor festival celta del mundo. Durante diez días, Lorient se convierte en la capital de las naciones celtas con desfiles, conciertos y espectáculos de Escocia, Irlanda, Gales, Galicia, Asturias y más.
Mediados de julio.
Uno de los mayores festivales de música de Francia, que se celebra en Carhaix y atrae a grandes estrellas internacionales y nacionales de pop, rock y electro.
Cada cuatro años en julio.
Una espectacular concentración internacional de veleros tradicionales, barcos históricos y embarcaciones de todo tipo. Un evento náutico imperdible.
Mediados de agosto.
Un festival de música rock e indie que se celebra en Saint-Malo, con conciertos en un fuerte histórico y en la playa.
La gastronomía bretona es un reflejo de su territorio: generosa, sabrosa y basada en los productos del mar (Armor) y de la tierra (Argoat). Es el paraíso de los mariscos, la mantequilla salada, las crêpes y las galettes, siempre acompañadas de una buena sidra.
La base de la cocina bretona. La galette, hecha con harina de trigo sarraceno, es salada y se rellena de ingredientes como huevo, jamón y queso (la famosa 'complète'). La crêpe, de harina de trigo, es dulce y se disfruta con azúcar, chocolate o caramelo de mantequilla salada.
Una mariscada espectacular servida en una bandeja de varios pisos con hielo. Incluye ostras de Cancale, mejillones, almejas, langostinos, bígaros, bueyes de mar y langostas.
Mejillones cocinados al estilo 'marinera' (con vino blanco y chalotas) y servidos con una ración de patatas fritas. Un plato popular en toda la costa.
El cocido bretón. Un plato contundente del interior que consiste en varias carnes (cerdo, ternera) cocidas lentamente con verduras y dos tipos de 'farz', una especie de masa o pudding de trigo sarraceno y de trigo blanco cocida en un saco dentro del caldo.
La comida callejera bretona por excelencia. Una salchicha de cerdo a la parrilla, enrollada en una galette fría. Se encuentra en todos los mercados y festivales.
La bebida emblemática de Bretaña. Hecha de manzanas, puede ser 'brut' (seca), 'demi-sec' (semiseca) o 'doux' (dulce). Se sirve tradicionalmente en una taza de cerámica llamada 'bolée'.
La hidromiel bretona. Una bebida alcohólica dulce obtenida de la fermentación de la miel en agua o sidra. Se bebe como aperitivo o digestivo, muy frío.
El aperitivo bretón. Una variante del Kir Royal, que sustituye el vino blanco o el champán por sidra, mezclada con licor de cassis (grosella negra).
El 'pastel de mantequilla' en bretón. Una bomba calórica deliciosa hecha con masa de pan, capas de mantequilla y azúcar, que al hornearse se caramelizan creando una corteza crujiente y un interior tierno. Originario de Douarnenez.
Un postre denso y húmedo, similar a un flan o clafoutis, hecho con huevos, harina, leche y azúcar. La versión más tradicional incluye ciruelas pasas (Far aux pruneaux).
Dos tipos de galletas de mantequilla. Los 'palets' son gruesos, blandos y ricos en mantequilla, mientras que las 'galettes' son finas y crujientes.
Caramelo de mantequilla salada. Una invención bretona que se encuentra en forma de salsa, bombones, piruletas o como relleno y saborizante de muchos otros postres.
La Torre Solidor en Saint-Malo y la ciudadela de Belle-Île-en-Mer forman parte de este sitio en serie que reconoce la obra del ingeniero militar de Luis XIV.
La práctica de las fiestas de baile tradicional bretón, con músicos en directo, está inscrita en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
La mejor época es el verano (julio-agosto), por el clima más cálido y soleado, ideal para disfrutar de las playas y los festivales. Sin embargo, es la temporada más concurrida. La primavera (mayo-junio) y el principio del otoño (septiembre) son excelentes alternativas, con un tiempo a menudo agradable, menos turistas y la naturaleza en todo su esplendor. El invierno puede ser húmedo y ventoso, pero ofrece una visión más dramática y auténtica de la costa bretona.
El tiempo en Bretaña es muy cambiante; es posible experimentar 'las cuatro estaciones en un día', así que conviene llevar siempre ropa impermeable y de abrigo. Ten mucho cuidado con las mareas, que se encuentran entre las más fuertes del mundo, especialmente en la zona de Saint-Malo y el Mont Saint-Michel. En verano, reserva alojamiento y actividades con mucha antelación, ya que es un destino muy popular.
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