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Emilia-Romaña es el alma opulenta y sabrosa de Italia, una región bendecida con una de las mejores cocinas del mundo y una pasión por la mecánica de alta velocidad. Conocida como la 'Food Valley' de Italia, de aquí proceden productos icónicos que definen la gastronomía italiana. Pero también es la 'Motor Valley', el hogar de leyendas del automovilismo como Ferrari, Lamborghini y Ducati. Su capital, Bolonia, es una ciudad vibrante y culta, apodada 'La Dotta, la Grassa, la Rossa' (la Docta, la Gorda, la Roja), sede de la universidad más antigua de Occidente. La región se extiende desde los Apeninos hasta el delta del Po, ofreciendo un mosaico de ciudades de arte renacentista como Ferrara, tesoros de mosaicos bizantinos en Rávena, y una alegre Riviera Adriática en Rímini. Viajar por Emilia-Romaña es un festín para el intelecto y el paladar, un viaje a través del sabor, la velocidad y la cultura.
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Considerada por muchos como la capital culinaria de Italia, la cocina de Emilia-Romaña es rica, generosa y venerada. Es la cuna de la pasta fresca al huevo, de embutidos mundialmente famosos y de quesos inimitables. La 'sfoglina' (la mujer que estira la pasta a mano) es una figura casi sagrada.
La auténtica 'salsa boloñesa'. Un guiso de carne cocinado a fuego lento durante horas. En Bolonia, nunca se sirve con espaguetis, sino con tagliatelle fresco al huevo.
Capas de pasta verde (con espinacas), alternadas con ragù, bechamel y abundante Parmigiano Reggiano.
Pequeños anillos de pasta rellenos de carne (cerdo, prosciutto, mortadela) y Parmigiano, servidos tradicionalmente en un caldo de capón caliente.
El famoso jamón curado, dulce y delicado, protegido por su denominación de origen.
El 'Rey de los Quesos'. Un queso de leche cruda, curado durante un mínimo de 12 meses (a menudo 24 o 36), con un sabor y una textura inconfundibles.
El verdadero vinagre balsámico. Un elixir espeso, oscuro y agridulce, envejecido durante al menos 12 años en barriles de madera. No confundir con el vinagre balsámico comercial.
Un pan plano y fino, cocido a la plancha. Es el 'street food' por excelencia de la Romagna, relleno de embutidos, queso (como el Squacquerone) y rúcula.
El vino más emblemático de la región. Un vino tinto (o rosado) espumoso, seco o amable, que marida a la perfección con la cocina local. Ha vivido un renacimiento de la calidad en los últimos años.
El primer vino blanco de Italia en recibir la prestigiosa denominación DOCG. Puede ser seco, dulce o passito (de uvas pasificadas).
Un licor digestivo oscuro y aromático, elaborado tradicionalmente a finales de junio infusionando nueces verdes en alcohol.
Un postre similar a un trifle, con capas de bizcocho o crema pastelera empapadas en el licor rojo Alchermes. Su nombre, 'sopa inglesa', es un misterio.
Un pastel denso y sin harina originario de Vignola, con un sabor intenso a chocolate negro, café y cacahuetes. Su receta es secreta.
Un bizcocho especiado, denso y oscuro, con forma de cúpula, lleno de fruta confitada, frutos secos y cubierto de chocolate. Típico de Navidad.
Un pastel de chocolate bajo y tierno, con un corazón húmedo y una corteza fina y crujiente, típico de Ferrara.
Emilia-Romaña celebra su doble alma, la gastronómica y la de los motores, con eventos de talla mundial, festivales de ópera y fiestas que transforman la costa en una celebración masiva.
Octubre.
Un festival de ópera de prestigio internacional dedicado íntegramente a las obras del compositor Giuseppe Verdi, nacido en la región.
Primer fin de semana de julio.
El 'Fin de Año del Verano'. Más de 100 km de la Riviera Romañola se tiñen de rosa con conciertos, fiestas, espectáculos y fuegos artificiales. Una celebración masiva y colorida.
Mayo.
Un festival al aire libre que celebra la herencia automovilística de la región. Las calles y plazas de Modena se llenan de exposiciones de coches, desfiles y eventos temáticos.
Junio.
Un 'circo-mercado' de sabores y oficios creado por el famoso chef Massimo Bottura, que reúne a grandes chefs, artesanos y productores en un evento gastronómico de alto nivel.
Noviembre.
El salón del vino y del producto típico de Emilia-Romaña, un gran evento para degustar y descubrir las excelencias enogastronómicas de la región.
Un ejemplo excepcional de planificación urbana renacentista que se integra con el paisaje natural del delta.
Ocho edificios que atesoran el conjunto de mosaicos de este período más rico e importante del mundo.
Una obra maestra del románico temprano que ejerció una gran influencia en el arte de la época.
Un elemento arquitectónico y social que define la ciudad, un sistema de pasajes cubiertos de casi 62 km de longitud total.
La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) son ideales para explorar las ciudades y la 'Food Valley', con temperaturas agradables y numerosos festivales gastronómicos. El verano (junio-agosto) es la temporada alta para la Riviera Romañola, pero puede ser muy caluroso y húmedo en las ciudades del interior. El invierno es más tranquilo y económico, pero puede haber niebla en la llanura del Po.
Todas las ciudades principales tienen Zonas de Tráfico Limitado (ZTL) en sus centros históricos, por lo que es mejor aparcar fuera y caminar o usar el transporte público. Para visitar los museos de Motor Valley (especialmente Ferrari) o para hacer tours de fábrica, es muy recomendable reservar con antelación. Si quieres cenar en restaurantes de fama mundial como la Osteria Francescana de Modena, necesitarás reservar con muchos meses de antelación. La Riviera en julio y agosto puede estar extremadamente concurrida.