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El Lacio es la cuna de la civilización occidental, una región dominada por la presencia monumental de Roma, su capital y un tesoro inagotable de arte, historia y espiritualidad. Aquí, más de dos milenios de historia se superponen en un paisaje urbano único, desde las majestuosas ruinas del Imperio Romano hasta la opulencia barroca de sus plazas y la cúpula de San Pedro que domina el horizonte. Pero el Lacio es mucho más que Roma. Es una tierra de paisajes diversos: desde los lagos volcánicos de los Castelli Romani y Bolsena, hasta las necrópolis etruscas de Cerveteri y Tarquinia que susurran historias de una civilización misteriosa. Incluye pueblos medievales encaramados en colinas, las villas renacentistas de Tívoli, y una costa con playas como las de Sperlonga. Viajar por el Lacio es caminar por la historia, sentir el poder de un imperio, maravillarse ante el genio artístico y saborear una cocina de sabores directos y memorables.
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Las celebraciones en el Lacio están profundamente marcadas por el calendario religioso católico, con Roma como epicentro mundial, pero también por vibrantes fiestas populares que celebran la gastronomía y las tradiciones locales.
La semana previa al Domingo de Resurrección.
El evento religioso más importante. El Papa celebra la misa del Domingo de Ramos en la Plaza de San Pedro y preside el sobrecogedor Vía Crucis del Viernes Santo junto al Coliseo iluminado.
21 de abril.
Se celebra el legendario cumpleaños de Roma. El evento principal es un gran desfile histórico con cientos de participantes vestidos de legionarios, senadores y vestales que marchan por el centro de la ciudad.
2 de junio.
Día Nacional de Italia. En Roma se celebra un gran desfile militar a lo largo de la Vía de los Foros Imperiales, con una exhibición de la patrulla acrobática Frecce Tricolori sobre el cielo de la ciudad.
Segunda quincena de julio.
La fiesta más auténtica del barrio de Trastevere, en honor a la Madonna del Carmine. Durante más de una semana, el barrio se llena de puestos de comida, música en vivo y procesiones religiosas.
Domingo de Corpus Christi (junio).
Una espectacular tradición en la que una calle entera de Genzano di Roma, en los Castelli Romani, se cubre con una alfombra de más de 350.000 flores que forman intrincados diseños.
La cocina romana y del Lacio es directa, sabrosa y sin pretensiones. Se basa en ingredientes pobres pero llenos de sabor ('cucina povera'), como el 'guanciale' (papada de cerdo curada), el queso Pecorino Romano y las verduras de temporada. Es famosa por sus platos de pasta icónicos y la tradición del 'quinto quarto' (aprovechamiento de las partes menos nobles del animal).
La reina de las pastas romanas. Una cremosa salsa hecha con yemas de huevo, queso Pecorino Romano, guanciale crujiente y pimienta negra recién molida.
Una salsa robusta de guanciale, tomate y queso Pecorino, originaria de la localidad de Amatrice.
Engañosamente simple, increíblemente deliciosa. Pasta (a menudo tonnarelli) mezclada con queso Pecorino Romano y abundante pimienta negra, emulsionada con el agua de cocción de la pasta.
Un pilar de la cocina romana. Se preparan 'alla Romana' (estofadas con ajo, perejil y menta) o 'alla Giudia' (aplanadas y fritas hasta quedar crujientes), una especialidad del gueto judío.
Filetes finos de ternera cubiertos con una loncha de prosciutto y una hoja de salvia, cocinados rápidamente en mantequilla y vino blanco. Su nombre significa 'salta en la boca'.
Costillas de cordero lechal marinadas y asadas a la parrilla. Se llaman 'scottadito' (quema-dedos) porque la tradición manda comerlas calientes con las manos.
La croqueta romana por excelencia. Una bola de arroz con salsa de carne y un corazón de mozzarella fundente que, al partirla, crea un 'hilo telefónico'.
El vino blanco más famoso de los Castelli Romani, tradicionalmente servido en las 'fraschette' (tabernas locales). Ligero, seco y perfecto para acompañar la cocina romana.
Un vino blanco con una historia legendaria, procedente de la zona del Lago de Bolsena. Su nombre proviene de una historia sobre un obispo y su sirviente en busca del mejor vino.
Aunque es una tradición del norte, en Roma se ha adoptado con entusiasmo. Disfrutar de un Spritz o un cóctel con un bufé de aperitivos al atardecer es una costumbre social muy arraigada.
Un bollo dulce y tierno, partido por la mitad y relleno generosamente con nata montada. Es el desayuno de los campeones romanos.
Una tarta de masa quebrada rellena de queso ricotta y mermelada de guindas, una especialidad agridulce típica del gueto judío de Roma.
El granizado romano tradicional. Hielo raspado a mano de un gran bloque y aderezado con diferentes siropes y trozos de fruta fresca. Ideal para el verano.
Roma está repleta de heladerías artesanales excepcionales. Probar un helado de pistacho o avellana mientras se pasea por el centro es una experiencia obligatoria.
Un vasto sitio que abarca los monumentos de la antigüedad (Coliseo, Foro), la Roma papal y edificios extraterritoriales del Vaticano.
Un complejo residencial excepcional que recrea de forma innovadora los estilos arquitectónicos de diferentes culturas del Imperio Romano.
Uno de los ejemplos más notables y refinados de la cultura del Renacimiento, con sus jardines y su impresionante sistema de fuentes.
Un testimonio único y excepcional de la antigua civilización etrusca, con diferentes tipos de tumbas que abarcan varios siglos.
La primavera (abril-junio) y el otoño (septiembre-octubre) son, con diferencia, las mejores épocas. El clima es cálido y agradable, perfecto para caminar, y las multitudes, aunque presentes, son más manejables. El verano (julio-agosto) es extremadamente caluroso y húmedo, y la ciudad está abarrotada de turistas. El invierno es suave pero puede ser lluvioso, aunque es ideal para visitar museos y sitios arqueológicos con mucha menos gente.
Es imprescindible reservar con mucha antelación las entradas para el Coliseo y los Museos Vaticanos para evitar colas de varias horas. Ten mucho cuidado con los carteristas en el transporte público y en las zonas turísticas más concurridas. Se exige vestimenta respetuosa (hombros y rodillas cubiertos) para entrar en iglesias, especialmente en la Basílica de San Pedro. Conducir en Roma es caótico y el acceso al centro está restringido (ZTL); el transporte público, aunque a menudo abarrotado, es la mejor opción.
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