
Vive la aventura en Nara con actividades que desafiarán tus límites.
Nara, la primera capital permanente de Japón fundada en el año 710 (periodo Heijo-kyo), es un destino impregnado de espiritualidad, tradición y naturaleza. Mundialmente famosa por sus ciervos sagrados que deambulan libremente y por albergar el monumental Gran Buda en el templo Todai-ji, Nara conserva un patrimonio arquitectónico e histórico de valor inestimable a pocos minutos de Kioto y Osaka.
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Explora paisajes impresionantes y actividades al aire libre en Nara
Hermosas vistas desde la cima del Monte Wakakusa y paseos sombreados entre bosques sagrados no intervenidos.
Extenso parque público donde habitan libremente más de 1.200 ciervos sika, considerados mensajeros sagrados en el sintoísmo.
El santuario sintoísta más importante de Nara, famoso por sus más de 3.000 linternas de piedra y bronce donadas por devotos.
Colina cubierta de hierba detrás del Parque de Nara que ofrece espectaculares vistas panorámicas de la ciudad, especialmente al atardecer.
Precioso jardín japonés del periodo Meiji que utiliza la técnica del 'paisaje prestado' (Shakkei), incorporando el templo Todai-ji y las montañas de fondo.
Ubicado a 12 km al suroeste de Nara, es el templo con las estructuras de madera en pie más antiguas del mundo, fundado por el Príncipe Shotoku en el 607.
La montaña sagrada más famosa de Japón para contemplar el cerezo en flor, con más de 30.000 árboles que cubren las laderas en primavera.
La cuna del mejor té verde Matcha de Japón y hogar del deslumbrante templo Byōdō-in (impreso en la moneda de 10 yenes).
Zona rural rodeada de arrozales que albergó las primeras cortes imperiales pre-Nara, repleta de misteriosos megalitos de piedra y túmulos funerarios (kofun).
Descubre la guía completa con historia, itinerarios detallados, consejos prácticos y toda la información que necesitas.
Ver guía completaEl hall Nigatsu-do (dentro del complejo Todai-ji) tiene acceso gratuito a su balcón superior, el mejor lugar de la ciudad para contemplar el atardecer.
Alimenta a los ciervos únicamente con las galletas autorizadas de salvado de trigo que venden los puestos del parque. No les des comida humana.
Respeta los recintos interiores de los templos donde suele estar prohibido tomar fotografías a las estatuas sagradas.
Hay fuentes de agua y lavabos públicos distribuidos por el parque para lavarse las manos tras dar de comer a los ciervos.
Aunque están acostumbrados a las personas, son animales salvajes. Inclínate hacia ellos para que saluden antes de darles galletas y no los acorrales.
Los ciervos buscarán comida en tus bolsillos y pueden masticar folletos o entradas si los dejas a su alcance.
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